Es increíble cómo puede cambiar tanto la cavidad bucal.
La primera vez sentí algo leve, pero la segunda vez la diferencia fue enorme.
La boca se sentía más amplia y la lengua… como si se “extendiera”, más ancha, difícil de explicar, casi como si tuviera una boca de “Pato Donald”.
Siento que el paladar también ha cambiado.
Lo más sorprendente fue cuando toqué mi cara y noté que los pómulos estaban más marcados, como si todo el rostro hubiera cambiado.
Mi hija, sin saber lo que había pasado, me dijo: “Te ves más joven, ¿qué te hiciste?”
Es realmente fascinante.








